Análisis

Bécquer escribió muy poco y todo ello lo escribió con brevedad, tanto en verso como en prosa. Los versos son pocos, los relatos escuetos. pero la sencillez del estilo recubre la complejidad del contenido: siguiendo el trazo periodístico de su época Bécquer pretende expandir a un público masivo su universo místico y reaccionario a través de formas populares, asequibles, breves y a veces mínimas. Sólo de esa forma puede prender en la memoria del público su mensaje idealista.

Además donde hay adorno quiebra la sinceridad. El estilo recargado es siempre sospechoso de artificiosidad, de manipulación deliberada. No hay lugar para la retórica. Las palabras sobran si sólo sirven para ocultar el mensaje bajo un resplandores que pueden cegar en lugar de revelar. Su tarea es expresar con sencillez e intensidad toda la fantasía religiosa. De ahí las interjecciones, las exclamaciones, las preguntas, los diálogos que salpican las Rimas: es la intensidad del misterio brevísimamente apuntado.

La escritura de Bécquer es impresionista como la misma realidad que nos transmite: fugaz, efímera, cambiante. La realidad es un mundo lleno de vivencias tenues, de instantes tan intensos como fugitivos arrastrados por el paso fatal del tiempo. Todo lleva, pues, a vivir la vida como una irrealidad neblinosa donde se pierden los contornos de la experiencia. Así, el amor es en el mejor de los casos fulgor, relámpago emocional pero casi siempre desengaño, frustración.

Hay otro recurso que refuerza la pretensión de Bécquer y es precisamente la renuncia a la objetividad. Él no pretende aparentemente describirnos un universo, ni siquiera el suyo. Tan sólo nos reconmoce que pretende describirlo tal y como él lo ve. Es subjetivo y lo dice; por tanto nosotros le creemos porque nos transmite sinceridad y de ese modo nos lleva hacia su causa. Finalmente consigue que veamos el mundo a través de sus ojos y, a pesar de que nos advierte de la estratagema, terminamos viendo el mundo con ese prisma, arrastrados por su sinceridad. Esa el también la trampa de la poesía moderna, el gran descubrimiento becqueriano, el mundo interior que, por tratarse de tal pensamos que es sólo el mundo de un poeta, cuando en realidad es toda una sociedad la que vemos a través de sus ojos distorsionados.

Otro logro del poeta sevillano es la dimensión de los acontecimientos que dibuja: habla de los acontecimientos como de sucesos pequeño y diminutos. Sin duda, es eltamaño del ciudadano anínomo habitante de una gran ciudad que le desborda. Nuestro mundo es pequeño, pero es que hasta lo sobrenatural aparece a escala reducida. Eso es lo que nos lo hace atractivo.

El tamañño de las cosas es fundamental, porque las compararemos con nuestro propio tamaño. El papel de Bécquer consistió en desvalorizar la política, tranquilizar a la burguesía, pretender, como el mismo Bécquer escribe, que hay cosas más nobles, más importantes que el quehacer histórico cotidiano, que la envolvente rutina, que la vulgaridad que sólo el dinero pone en movimiento:

Tú sabes y yo sé que en esta vida,
con genio es muy contado el que la escribe,
y con oro cualquiera hace poesía.
Su desinterés ante las cosas del mundo, que contrasta notablemente con la intensidad de su creación poética, no ha de oscurecer, por una parte, su servilismo, ni ha de servirnos, por otra, para establecer una relación mecánica entre el conservadurismo de su actividad política y un correspondiente conservadurismo de su obra literaria.

Con Bécquer los poetas comienzan a dividir la actividad literaria en dos zonas aisladas y contrarias: la producción pública o mayoritaria, en la que se someten mas o menos a regañadientes al sistema dominante, y la producción privada, en la que se supone ha de expresarse el verdadero talento. La poesía sería así el reino de lo privado, el exilio interior, en que el artista puede existir independientemente de su relación extraña, superficial, con el mundo contrario del quehacer cotidiano.

Bécquer pretendía ser apolítico y vivir como si no existiera relación alguna entre el mundo de su producción literaria pura y su labor periodística o su trabajo de censor. No encontraremos, por lo tanto, un reflejo directo de su apoliticismo conservador en su poesía o en sus Leyendas. En vez de ello, su obra literaria se caracteriza por la no-presencia en ella de la Historia contemporánea y por un subjetivismo en el que, fundamentalmente, se plantea el conflicto entre la imaginación libre y la necesidad poética de domarla con un lenguaje que proviene del idealismo objetivo del sevillano. En la Introducción a las Rimas trata del abismo que existe entre el mundo de la idea y de la forma y la primera Rima habla de un himno gigante y extraño que ninguna cifra es capaz de encerrarlo. Esta misma Rima primera nos anuncia también el otro elemento central en la visión de Bécquer: los himnos, las vagas intuiciones, los fantasmas que la imaginación percibe en un mundo en que al poeta le cuesta trabajo saber qué cosas he soñado y cuáles me tan sucedido.

Tanto su idea a la poesía como del amor son profundamente idealistas, ya que si, por una parte, Bécquer concibe la poesía (la visión artística en general) como anterior a la palabra o a la forma (e incluso como independiente de ellas), también el amor es concebido como anterior (y, en principio, ajeno) a la existencia de cualquier amada concreta. De ahí que las Rimas, según la extraordinaria ordenación que de ellas hizo su editor, reflejen no sólo la lucha entre la imaginación y su realización concreta, sino también la angustiosa conciencia, in crescendo de rima a rima, de que amor y poesía no son sino sueño si no adquieren forma definida; una forma que, por otra parte, nunca es satisfactoria para el poeta.

El tema se desarrolla en las Rimas en un progresivo ahondamiento de gran coherencia: son primero el amor en sí y la amada indefinida quienes dominan; aparecen luego mujeres concretas (pero varias: ojos azules, ojos verdes, etc.); parece al fin concentrarse todo en una sola amada, mas la persona concreta que encarna el amor no corresponde a la idea que de ella se tenía; fracasa, por lo tanto, la relación amorosa (de modo que, por ejemplo, el poeta prefiere contemplar a la amada dormida, es decir, no actuando en cuanto quien es a diferencia de cómo el poeta quiere que sea); surgen entonces el escepticismo y algunos rasgos de cinismo mundano; las Rimas terminan con la meditación sobre la muerte. Por todo ello, el contraste de la lírica de Bécquer con el utilitarismo burgués de su época es sencillamente brutal y, al tiempo, contradictorio. Así, mientras por un lado puede escribir que la poesía existirá mientras existan la mujer y el misterio,

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista
Es también autor de los siguientes versos, en que pretende alcanzar la distancia irónica de los poetas malditos:
Voy contra mi interés al confesarlo;
pero yo, amada mía,
pienso cual tú que una oda sólo es buena
de un billete del banco al dorso escrita
Contradicciones y polarizaciones auténticas que resaltan aún más el papel señero de la obra Bécquer en el asfixiante ambiente, cuyo rechazo radical le era, por necesidad y educación, imposible.

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