Bécquer dibujante

El dibujo es la faceta olvidada de un Bécquer, recordado casi exclusivamente como poeta. Sin embargo, el sevillano se educó artísticamente en el seno de una familia de pintores, integrada por su padre, su tío y su hermano Valeriano, que le transmitieron el oficio y una gran pasión por las artes.

La infancia del poeta transcurrió entre lienzos y pinceles, hasta tal punto que en ocasiones el padre se representa a sí mismo pintando y a sus hijos dibujando.

Además, en el corazón de los textos becquerianos, la pintura comparece insistente como un medio de expresion de lo inefable, en ocasiones superior incluso a la palabra. Es habitual que en manuscritos suyos convivan palabras e imágenes de manera natural, y no faltan tampoco testimonios de sus contemporaneos alabando las excelencias del poeta como dibujante.

Hasta ahora, sin embargo, solo un reducido numero de sus dibujos son conocidos y no se ha profundizado lo suficiente en el estudio de la colaboración plástica con su hermano Valeriano.

La recuperación de los álbumes de Julia Espín -desde 1906 no se conocían sino indirectamente y nunca se ha reproducido parte alguna de ellos- ofrece finalmente una muestra amplia de sus habilidades como dibujante. La seguridad de su trazo y composición y la variedad de registros temáticos denotan a un dibujante experimentado que nos sorprende continuamente tanto por su pericia técnica como por los genuinos mundos que idea.

Si es cierto -y en ello existe acuerdo general- que los años en que estos dibujos fueron realizados coinciden con los de mayor efervescencia creativa del artista, y que les otorgaba una capacidad para objetivar sus vivencias interiores similar al menos a la palabra, no es exagerado afirmar que cada uno de los dibujos es como una ventana a traves de la cual contemplamos su complejo mundo interior. Bécquer plasma en ellos sus ensoñaciones predilectas y también sus zozobras mas inquietantes, que solo conjura mediante la risa, como sucede en la serie titulada "Les morts pour rire".

La portada de la excepcional serie "Bizarreries" es todo un programa de la visión que tenía Bécquer de la existencia y de la creacion artística, donde la muerte y la musa (la vida) caminan de la mano, a veces de una manera grotesca, rayana con el humor negro.

En ocasiones los dibujos ofrecen un correlato gráfico de los mundos imaginados en las Rimas y en las Leyendas. Porque Gustavo Adolfo, a diferencia del costumbrismo de su padre o de su hermano Valeriano, construye una obra plástica donde, ante todo y sobre todo, proyecta sus mundos interiores y donde toman cuerpo las sensaciones nacidas de su contacto con el mundo del arte.

Los dibujos de tema teatral u operístico son sintomáticos. Uno de sus dibujos representa el Teatro Real de Madrid visto desde dentro del escenario durante una función, ofreciendo un punto de vista insólito para la época.

Sus lecturas y el mundo de la música -El trovador, Dr. Fausto- son el tema de otras composiciones. Prolongando cierta tradición familiar comparecen en sus dibujos frailes obesos y hasta atrevidas escenas protagonizadas por diablos para representar los peligros de la Corte. Junto a lo sublime, lo grotesco.

Y, finalmente, ¡cómo no!, Julia Espín vista o soñada de diferentes maneras, que van desde el apunte costumbrista -Julia paseando con su hermana Josefina y otros familiares- a idealizaciones que la dotan de rasgos inquietantes: navegando en una barca de vela, parece ignorar a un hombrecillo que se debate entre las olas; otras veces, el papel se llena de pequeños trazos que quieren captar la singular nariz aguileña y los ojos rasgados de la musa becqueriana que se resiste -ahora más que nunca- a desvelar el misterio de su relación con el poeta.

Algunos autógrafos del poeta conviven con esta miscelánea colección de imágenes. El de la rima XVI, que es una serenata amorosa tan apasionada como contenida. La breve pero intensa rima XX cifrada que coloca al final de la colección en versión que difiere en sus versos tercero y cuarto de la contenida en El libro de los gorriones: "sabe si alguna vez tus labios rojos/ quema invisible atmosfera abrasada/ que si del alma labios son los ojos/ es un beso de amor cada mirada".

Pero como un aviso, precediendo la colección, Julia ha escrito con lapiz de afilada punta un texto en italiano en que advierte la infelicidad que aguarda al enamorado que confía en la sonrisa del amor. Lo que durante muchos años fue uno más de los capítulos oscuros de la creación becqueriana comienza a revelarse.

Esta colección de imágenes y palabras en feliz coyunda constituye así, sin duda, una de sus genuinas creaciones, que fiel a la estrategia becqueriana revela tanto como oculta.

[de Jesús Rubio, http://www.xtec.es/~jcosta/album.htm]

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